Por Mateo López Cuenca
José María Triper publicó en elEconomista.es «El deporte nacional del absentismo». El texto distingue entre ausencias justificadas y no justificadas. ¿Por qué reunirlas entonces bajo una metáfora que remite a la picaresca y el abuso?
«Incapacidad temporal» nombra una situación de salud acreditada y sometida a control. «Absentismo», usado sin matices, extiende la sospecha desde quien engaña hasta quien está enfermo. Dejamos de preguntar qué le ha ocurrido al trabajador y empezamos a preguntar qué hace mal. Confundir el efecto con la causa produce titulares; no produce diagnósticos.
El fraude existe y debe perseguirse individualmente, con pruebas, controles y garantías. Pero un Estado de derecho no puede convertir la excepción en presunción colectiva. Una baja no es una recompensa ni unas vacaciones: permite que la salud no pague el precio de continuar cuando ya no se puede.
Escribo como trabajador en situación de incapacidad temporal, no contra la empresa que me dio trabajo. Respetarla no exige callar cuando el lenguaje público convierte un derecho en vergüenza. La dignidad obrera nunca significó aguantar hasta romperse.
Al empresario le corresponde certeza; al sistema, controles eficaces; al trabajador enfermo, la presunción de decencia. Reducir las bajas exige que menos personas enfermen, no que más personas se sientan culpables por enfermar. El trabajo merece respeto. La salud de quien trabaja, todavía más.
Mateo López Cuenca es trabajador y escribe a título estrictamente personal






