DIGNIDAD es probablemente la palabra que resume el conjunto de sentires, energías y demandas que claman en el origen de una acción tan trascendental como es llegar a convocar una huelga general a un país.
Huelga que, cada cual con el que más a gusto o disgusto esté, puede señalar que sea contra el gobierno de Sánchez, el de Moreno Bonilla o el de Bellido, los tres con competencias en vivienda.
Pero esto no sólo va de la vivienda, que ya es un nudo que ahoga a demasiadas personas, no.
Organizaciones como Intermón Oxfam revelan que el coste de la vivienda empuja a 3 millones de personas trabajadoras a vivir en la pobreza en esta nuestra España España España con la que políticos y allegados se llenan la boca. Gentes con cara y vida como la tuya, la nuestra.
Son muchas las preguntas que siguen sin respuesta: ¿Cómo es posible que a pesar de haber subido como nunca las pensiones, el salario mínimo o las becas los y las asalariadas sigan pasándolo tan mal?. ¿Cómo se entiende que tengamos el 15% menos parados que en 2018 o el 10% menos de paro juvenil que entonces y la precariedad de las familias no cese?.
Los salarios dan para vivir con apuros a la vez que a los servicios públicos se le ven cada día más costuras.
Con un aumento de más de 3,5 millones de cotizantes a la seguridad social en los últimos 8 años, y sólo les va bien o mejor, a unos pocos, los de siempre.
Los salarios dan para vivir con apuros a la vez que a los servicios públicos se le ven cada día más costuras. Una imagen de ello se manifiesta en las calles de nuestros barrios, espacios donde hemos construido nuestras vidas y donde queremos seguir viviendo y que hoy presentan carencias cuya atención dejó de ser prioridad hace demasiado tiempo.
Por eso, esta no va sólo de una convocatoria laboral o por la vivienda, sino de una gran movilización social contra la enorme desigualdad. Esta va del derecho a una vida digna.
Tardaremos en olvidar una imagen: la del rechazo en el Congreso de los Diputados a los decretos sobre vivienda que, aunque eran “paños calientes” para situaciones límite, era el gesto explícito que para muchas personas habrían marcado un cambio de rumbo a la que ya es emergencia social. Pero no, sin reparo, han vuelto a dejar expuestos a los mismos, otra vez, a esas miles de familias españolas frente a los desahucios, la seguridad en los contratos y la limitación de precios.
Hoy se hace necesario dar un paso al frente para que la fuerza que levanta el país cada día, no sea siempre quien pague la factura de lo que, por otra parte, no tienen capacidad de decidir (precios de la energía y el petróleo) mientras las grandes fortunas y poderosos engordan y engordan sus cuentas corrientes.
Defender salarios dignos, pensiones justas y servicios públicos fuertes no es sólo una cuestión económica: es defender nuestro Estado social y nuestro modelo democrático de convivencia.
Es simple: Una movilización para defender algo tan sencillo y tan profundamente democrático como el derecho de nuestras vecinas y vecinos a permanecer en los lugares en los que viven, trabajan, estudian, cuidan, crecen y envejecen, ¿para qué?. Para VIVIR CON DIGNIDAD.






