
Desde hace meses estamos leyendo y oyendo desde distintas fuentes que van de la Conferencia Episcopal a televisiones y otros medios de “información”, que la juventud se está volviendo “más religiosa”. La Sexta dedicó parte de un programa de “La Sexta Columna” , el 19 de diciembre a este tema, al que fui invitado a participar como presidente de Europa laica, aunque luego no reprodujeron mis respuestas a sus preguntas al respecto.
Toda esta oleada de opiniones se ha producido a partir de una encuesta encargada por el Vaticano a GD3, en la que al parecer el 37% de las personas entrevistadas de entre 18 y 24 años se declaran “religiosas”, lo que el Vaticano equipara a fieles de alguna Iglesia. Algo que se contradice con las últimas encuestas del CIS, donde sólo el 20% de jóvenes de esas edades se declaran creyentes de una Religión. O con el Informe sobre nuevas espiritualidades realizado por la Fundación Ferrer i Guardia hace varios años, donde se deduce que la mayoría de los y las jóvenes que se identifican como “espirituales” no practican las normas de ninguna Iglesia tradicional. Sí se produce un incremento de un nuevo paganismo, de las creencias en la astrología o en diversas pseudociencias, del yoga o de la meditación. Y en un porcentaje importante esa espiritualidad se manifiesta en compromisos por la paz, la solidaridad, la defensa de la naturaleza.
Muchos estudios de sociología explican ese fenómeno de repunte de la espiritualidad por la situación de crisis laboral, de condiciones materiales de vida que afecta fundamentalmente a la juventud, y que lleva a la búsqueda de salidas trascendentales.
Otro fenómeno sociológico de tipo cultural es la moda de la utilización en ámbitos de la cultura, de iconografía religiosa, como el tan difundido ejemplo del último álbum de la cantante Rosalía, que viene acompañado de su propia vestimenta y adornos. Esto es algo que ya venía apareciendo en cantantes sobre todo latinoamericanos y en el movimiento gótico.
Lo que es preocupante es la influencia ultrareligiosa en esa minoría de jóvenes creyentes, que va normalmente acompañado de un ultra conservadurismo político, y que es muy activo en redes. Aparecen movimientos como AUTE, que reivindican la “tradwife” (esposa tradicional) basada en la encíclica de Juan Pablo II “mulleris Dignitatum”. O el más conocido y muy puesto en candelero en nuestro país movimiento HAKUNA, creado y dirigido por personas del Opus y relacionadas con Comunión y Liberación; con un plan fuerte de proselitismo, con muchos medios y una gran utilización de las RRSS; tienen incluso una escuela de liderazgo, “Kaled” cuyo objetivo es “levantar líderes fuertes y sanos, que estén listos para construir el reino de Dios”. En esas nuevas sectas hay mucha gente “atrapada entre la fe y el miedo”.
La aparición de estos fenómenos de aumento de valores tradicionales como el machismo o la lgtbifobia, contrarios a los derechos humanos consolidados, se fomenta desde los púlpitos, desde muchas escuelas religiosas o desde los medios de comunicación y redes que controlan las Iglesias, fundamentalmente la Católica. Y ayuda mucho el foco que se pone sobre esta minoría, desviándose de esa mayoría sensible con los derechos humanos.
A todas esas personas jóvenes que, pueden buscar un refugio en la religión o en la espiritualidad , tras las reflexiones sobre el mundo que les rodea, yo les aconsejo que se adentren en esos pensamientos con independencia, como postura individual, sin adhesiones gregarias. Esa es la base del laicismo, la libertad de conciencia.
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