Hay días en los que el mundo parece girar más deprisa… Pero no hacia adelante.
Días en los que la palabra justicia social incomoda en los despachos.
Y suena urgente en demasiados hogares.
Palabras que deberían ser obvias: que todas las personas vivan con
dignidad, que los derechos no dependan del dinero, que la libertad
sea un hecho, no un privilegio.
Pero estamos viendo retrocesos.
En muchos lugares, derechos conquistados vuelven a ponerse en
duda: El derecho de las mujeres a decidir, el derecho a no ser
discriminado, el derecho a una vida segura para quienes migran o
forman parte del colectivo LGTBIQ+.
Hay días en los que el mundo parece girar más deprisa… Pero no hacia adelante.
Cuando los derechos se plantean como favores, La dignidad se
convierte en un trámite. Y también aquí crecen las voces que
relativizan la desigualdad, que llaman privilegio a los derechos, que
confunden merito con suerte y pobreza con culpa.
Mientras tanto, se debilitan los servicios públicos y se fortalece la
lógica del mercado.
No normalicemos la injusticia. Que no nos vendan la desigualdad
como destino.
No normalicemos la injusticia. Que no nos vendan la desigualdad
como destino. La justicia social no es una opinión, es el límite que
separa una sociedad justa… de una sociedad que comenzó a mirar a
las personas.
¡No mires a otro lado!






