Con frecuencia, no se ahorra en vocabulario para deslegitimar a la juventud con reduccionismos banales que muestran escasa sensibilidad para entender hasta qué punto la sociedad que compartimos, la ha conducido a vivir la vida que, en suerte, les está tocando vivir.
Expectativas frustradas que también acaban sintiendo como una culpa que, por supuesto, les es impropia. Hablamos del derecho a vivir bien y a desear, como poco, alcanzar los mismos sueños que tuvieron sus mayores no hace tanto.
Acceso a la educación que garantice la igualdad de oportunidades, un trabajo que les permita vivir y no sobrevivir y tener acceso a una vivienda digna donde sentir seguridad es el futuro robado, el salto al vacío que les está quedando de herencia de un estado del bienestar que el capitalismo voraz se está encargando de esfumar.
Este escenario, bastante cercano a la realidad, es con el que tienen que lidiar nuestra gente joven.
Y, además, les pedimos que sean activistas, un poco rebeldes, casi insumisos, cuando son sus adultos los que dejaron esos espacios vacíos hace demasiado tiempo.
En este escenario, donde cada cual buscamos cómo sobrevivir, los jóvenes continúan proyectando una vida de espacios seguros y de cuidados frente al valor extendido del “búscate la vida y sálvese el que pueda”, y donde los mayores, se lamen las heridas al ver como lo que tanto costó se desvanece casi sin solución.
En este escenario, donde cada cual buscamos cómo sobrevivir, los jóvenes continúan proyectando una vida de espacios seguros y de cuidados frente al valor extendido del “búscate la vida y sálvese el que pueda”, y donde los mayores, se lamen las heridas al ver como lo que tanto costó se desvanece casi sin solución.
¡Sin solución no!. Que, a los gobiernos europeos como Alemania o Bélgica, y detrás de ellos, cundirá el ejemplo que mucho nos tememos, lanza esta última a sus jóvenes de 17 años una oferta irresistible que seguirá perpetuando la deriva a la que los gobiernos europeos han decidido abocarnos.
Alistarse al servicio militar para vivir “una experiencia en la que desarrollarás la disciplina, la conciencia crítica, NADA MENOS, y el espíritu de equipo” con la zanahoria de 2000 € al mes a cambio, eso también, de aplazar estudios y retrasar su entrada en el mercado laboral, claro está. Un milagro de soluciones cortoplacistas que seguirán vinculando ese futuro a un tiempo de incertidumbre e inestabilidad, aunque con ello pueda venderse, incluso, que el fenómeno que lo ideó contribuyó a bajar las listas del paro. ¡Una maniobra soberbia!
Pero no acabaremos con la mueca torcida. Con todo lo que está cayendo y como si de magia social se tratara, siguen existiendo espacios vitales de resistencia. Jóvenes solidarios con Palestina, jóvenes que en la universidad responden a discursos de demagogia y odio envueltos de periodismo en libertad, o que un movimiento cumpla 100 años no es un milagro, son luces que deberían ocupar los titulares que, lamentablemente, no ocupan.
La Juventud Obrera Cristiana, la JOC, está de fiesta. Un movimiento de y para la gente joven que celebra 100 años de vida, resistiendo los envites del tiempo, la sucesión de épocas, los cambios de paradigma en el mundo del trabajo en cada generación, el vértigo de la tecnología y siendo constantes en trabajar frente a lo poco que ha cambiado la cara de la miseria que golpea a la juventud trabajadora con las mismas consecuencias de angustia, preocupación y rabia. Así pues, ante un futuro predibujado por quienes no tendrán que vivirlo para tener un futuro digno, ¡claro que los derechos hay que pelearlos!






