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VENEZUELA, IRAN: LOS CRÍMENES CONTINÚAN

Hoy en el blog Gente que opina, Antonio Luna nos habla sobre los ataques militares recientes de los Estados Unidos a Venezuela e Irán

12 marzo, 2026

Redacción
Antonio Luna. Técnico Superior de la Administración General del Estado y militante de CNT.

La carta de las Naciones Unidas es la norma fundamental que regula las relaciones entre los estados y vincula a todos ellos. Al redactarse en 1945, dispuso En su preámbulo que los estados firmantes se decían «resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas», «a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, a asegurar … que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común».

Según su artículo 2, «La Organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros»; «Los Miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia»; «Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado».

Pero, a pesar de tan bellas palabras, apenas cuarenta días después de la firma de la Carta, los Estados Unidos dejaban caer sobre Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 dos bombas atómicas que causaban la muerte a centenares de miles de personas que no eran combatientes y que no habían cometido otro delito que ser habitantes de un territorio que aún permanecía bajo el control del dominio del gobierno imperial japonés y ello sin ninguna finalidad militar clara y con el solo objetivo de advertir a la URSS que se disponía de esa bomba que también podía ser utilizada contra ella.

Las lamentaciones del preámbulo de la carta por el «flagelo de la guerra» se olvidaron en apenas unas semanas para dar paso al uso del arma más letal hasta entonces inventada y «la fe en los derechos fundamentales del hombre» dio paso al asesinato extrajudicial de población civil inocente.

En 1946, al pedir la pena de muerte para los criminales de guerra nazis en Nuremberg, el fiscal norteamericano Robert Jackson habló de forma memorable acerca del principio de universalidad. «Si consideramos como delitos determinados actos que violan los tratados», dijo, «son delitos ya sea EE. UU. o Alemania quienes los cometan, y no podemos establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estemos dispuestos a invocar contra nosotros… «No debemos olvidar que la vara con la que juzgamos hoy a estos acusados es la vara con la cual la historia nos juzgará mañana. Pasar a estos acusados un cáliz envenenado es poner este cáliz en nuestros propios labios».

Desde entonces, los Estados Unidos han aplicado una y otra vez esa doble vara de medir, han bebido hasta el hartazgo de ese «cáliz» y se han comportado en el panorama internacional exactamente igual que lo habían hecho los nazis y los imperialistas japoneses. La agresión a Venezuela o a Irán no es sino un hito más en una larga lista de invasiones o ataques militares contra otros estados sin base legal ninguna. Así, por no hablar sino de los últimos cincuenta años, invadieron la isla de Granada en 1983, Panamá en 1989, atacaron en compañía de sus socios de la OTAN a Yugoslavia en 1999, invadieron Irak en 2003, nuevamente en compañía de sus socios de la OTAN atacaron a Libia en 2011 hasta deponer a su gobierno o lanzaron bombardeos y ocuparon parte del territorio de Siria a partir de ese año.

  Dice el número 2 del artículo 8 bis del estatuto de la corte Penal Internacional, del que España es parte, que «por »acto de agresión» se entenderá el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de otro Estado». «Cualquiera de los actos siguientes, independientemente de que haya o no declaración de guerra, se caracterizará como acto de agresión:

  a) La invasión o el ataque por las fuerzas armadas de un Estado del territorio de otro Estado».

  «b) El bombardeo, por las fuerzas armadas de un Estado, del territorio de otro Estado, o el empleo de cualesquiera armas por un Estado contra el territorio de otro Estado;

  c) El bloqueo de los puertos o de las costas de un Estado por las fuerzas armadas de otro Estado;

  d) El ataque por las fuerzas armadas de un Estado contra las fuerzas armadas terrestres, navales o aéreas de otro Estado».

  Recordemos que, para poder llevar a cabo el secuestro del presidente de Venezuela, los Estados Unidos atacaron a las fuerzas armadas venezolanas, entre las cuales causaron 47 muertes, además de los 32 cubanos de la escolta presidencial, sin contar el centenar de civiles asesinados. Además, bloquearon los puertos venezolanos, conducta que también encaja dentro de la definición de este delito (en el caso del ataque a Irán, todavía no se conoce el número de bajas causadas). Por tanto, los Estados Unidos cometieron inequívocamente un crimen de agresión, crimen que se caracteriza porque, según la sentencia que mandaba a la horca a los líderes nazis, la agresión es «el supremo crimen internacional que sólo difiere de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto».

  La cuestión que se suscita frente a este pertinaz comportamiento criminal de la clase dirigente norteamericana, exacerbado por Trump y sus acólitos, es si, pese a todo, vamos a continuar considerando a los Estados Unidos nuestro aliado por virtud de la común pertenencia a la OTAN y si vamos a seguir proporcionándole las bases desde las que proseguir cometiendo toda clase de fechorías contra cualquier estado que se atreva a disentir de su proceder mafioso y prepotente.

  Ya las caretas han caído y las excusas que justificaban las criminales agresiones a otros estados no valen. estados Unidos manifiesta sin esconderse detrás de pretendidas razones filantrópicas que «Vivimos en un mundo, … el mundo real, que está gobernado por la fuerza, … gobernado por el poder», en palabras del asesor principal de Trump. Y ante tal confesión de propósitos sólo cabe o la resignación a la esclavitud o la ruptura total con quien no se avergüenza en presentar a los estados Unidos como un gánster sin escrúpulos.

  Por eso, hoy más que nunca, procede gritar: OTAN NO, ¡BASES FUERA!

Os dejamos el texto también en formato audio:

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