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Cuatro palos para Andalucía

Hoy en el blog Gente que opina, Antonio Manuel nos habla sobre los cuatro expolios que sufre Andalucía

14 mayo, 2026

Redacción
Antonio Manuel. Profesor y escritor.

La vida es un juego: no eliges las cartas, pero sólo tú decides qué hacer con ellas. Y el juego de la vida se contiene en los naipes de la llamada “baraja española”. Naipe proviene de la raíz en árabe “nafs” que significa respiración. El nafs de un ser humano es su alma, su personalidad, su vida misma. Respiro, luego existo. Baraja también proviene del árabe andalusí “barraga” que significa “mezclar”, pero también se abraza a la palabra “baraka”: la magia que habita en aquellas cosas que fecundan la vida.

La baraja hispana se divide en cuatro palos como las estaciones del año. Cada palo suma 91 puntos que por cuatro equivalen a los 364 días del almanaque menos uno. Quizá, el único día que se viva de verdad. La tradición popular tiende a reducir el mazo a 40 naipes como los días de vigilia y ramadán. Hay baraka en el caballo y en los números impares y primos, sin duda los más importantes de la baraja. Como el As. La carta que simboliza la unidad es la más valiosa con 11 puntos. Multiplicados por las 9 restantes del palo resultan los 99 nombres de Dios para musulmanes y judíos. Cada palo representa los cuatro poderes terrenales que nos gobiernan: el económico (oros), el religioso (copas o cálices), militar (espadas), y político (bastos). En ese orden según los cortes en el marco, la pinta, y que sirven para distinguir el palo sin tener que descubrir la jugada. Las cartas que quedan en el mazo se roban. Como hacen los poderes con nosotros. Cuatro palos, cuatro expolios. Especialmente en Andalucía.

Oros. No voy a olvidar ni perdonar el expolio que consentimos con la deuda histórica. Aquélla cláusula que se incluyó en nuestro primer estatuto de autonomía para cobrar de más hasta alcanzar la media en los servicios sociales básicos que teníamos de menos. La traición fue doble. A pesar de nuestro evidente avance en infraestructura, seguimos a la cola en vivienda, educación, sanidad o desempleo. Y no sólo se cuantificó aquella deuda para liquidarla de una vez, como si ya estuviésemos a la par con el resto, sino que de manera desvergonzada se nos pagó con suelo la mitad de lo que se nos debía en plena crisis inmobiliaria. Nunca llegó el dinero que nos hace falta y el poco que teníamos se nos va. Un análisis objetivo demuestra que la entrada en Europa sirvió para expoliar nuestras fortalezas con el fin de desmantelar nuestro sistema productivo y sustituirlo por el ladrillo, los servicios, y de nuevo la emigración. Mientras tanto, también expoliaron nuestro músculo financiero: Cajasur se fue a Euskadi, Cajasol a Cataluña… Y lo que facturamos en Andalucía se contabiliza fiscalmente en sus sedes sociales en Madrid, a pesar de generar casi la cuarta parte del PIB real del Estado. Así pues, el Estado sigue en deuda histórica con Andalucía. Pero ya va siendo hora de que Andalucía ejerza sus competencias para construir su propia historia y no depender de la deuda del Estado.

Copas. Algún día conoceremos la magnitud del expolio patrimonial que está llevando a cabo la jerarquía católica. Aunque la movilización ciudadana consiguió derogar el artículo que les permitió inmatricular la mismísima Mezquita de Córdoba, se cuentan por miles los bienes de toda índole que ahora parecen privados por la sola palabra de un obispo en pleno Estado aconfesional. El problema es que muchos de estos bienes ya se pueden enajenar a terceros y su venta sería irrevocable. Y además, la mayoría genera enormes cantidades de dinero que no declaran, ni tributan. Resulta inconcebible que se pueda sentar en el banquillo a la familia real o las divinidades futbolísticas, y ni siquiera la Iglesia presente a Hacienda declaración alguna por sus millonarios ingresos. Todos agradecemos su caridad y las buenas acciones de su buena gente, acordes con el mensaje del Jesús de los tobillos sucios. Pero en un Estado democrático, la ciudadanía no quiere caridad sino justicia fiscal para que pueda existir justicia social. Gracias al dinero de todos se sostiene el sistema para todos y todas. Sea el Rey o un Obispo, a efectos tributarios y democráticos, tienen el mismo rango que tú y que yo. Sobra decir el enorme peso social, político y financiero de la jerarquía católica en Andalucía. Y sobra decir el enorme peso del silencio cobarde de todas las administraciones públicas para exigirles que devuelvan lo que es nuestro y que paguen por lo que demuestren que sea suyo.

Espadas. Somos la Comunidad autónoma que más sufre el expolio territorial con la excusa militarista. La histórica de Gibraltar (agravada por el Brexit) y las histéricas de las bases yanquis, a disposición de un tarado que se ha creído que el mundo le pertenece y que puede usarlas a su antojo. Más de una vez ha amenazado con llevarse sus soldados, sus aviones y sus barcos de Andalucía. Ya está tardando.

Bastos. La cadena de expolios políticos, económicos y culturales es interminable. Desde aquella degradante inconstitucionalidad del Río Guadalquivir o de la ley de la Función social de la vivienda, al permanente uso electoral de Andalucía como una colonia, pasando por el Parque de Doñana como conducto de gas o la ampliación del estercolero nuclear de El Cabril. Una vergüenza que muchos ignoran y que la mayoría consiente con la coartada del “virgencita que me quede como estoy”. Otro de los expolios más graves y preocupantes es la tenencia de nuestras viviendas y nuestro campo en manos de fondos de inversión, que está expulsando a los más jóvenes de nuestros pueblos y ciudades. Pocos hablan del nuevo expolio del campo andaluz que, indignado por la falta de soluciones, acaba alistándose en la extrema derecha. Que nadie lo dude: son el mayor el enemigo del campo andaluz. Si mañana expulsaran a los migrantes, llevarían el campo a la ruina. Ellos lo saben. Están en contra de su regulación no porque los quieran echar, sino porque quieren que sigan siendo sus esclavos.  

Envidar es poner la vida en cada apuesta. Sin duda, siempre es tiempo de envidar y de oponerse a estos expolios para no perder la partida. Porque somos nosotros quienes nos la jugamos y no ellos quienes juegan con nosotros. Es el momento de envidar en estas elecciones. Y tú tienes la opción de elegir entre quienes barajan nuestras cartas marcadas desde Madrid, o quienes toman sus decisiones desde, por y para Andalucía. Ya está bien de hacernos trampas al solitario.

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