El 17 de mayo de 2026 el PP barrió en las elecciones andaluzas. Tanto, que casi revalida la mayoría absoluta y con ella, el billete en blanco que obtuvo hace 4 años para lo que tanto nos gusta criticar en corrillos y mentideros plagados de comentarios, críticas y chascarrillos. Nada nuevo bajo el sol porque será de la mano de VOX con sus prioridades que, redoblando exigencias extremas, volverán a darnos más madera con la que volver a criticar y así, dirigirán el destino de nuestra tierra por 4 años más.
¿Cuántas vueltas de tuerca nos hemos acostumbrado a padecer para que volvamos a entregar nuestra tierra y su destino al que a partir de ahora será este tándem que seguirá dándonos en el mismo costado, ya tan dolorido?.
Yayo Herrero escribía una carta hace apenas unos días en la que decía que lo que sucedió en la Alemania nazi fue un proceso que pasó de ser un tanteo para comprobar el umbral de lo intolerable para su pueblo para llegar a la consumación de lo que acabó siendo el mayor crimen de magnitud desconocida para la humanidad.
Salvando las diferencias, apelo a la capacidad de reflexionar de manera consciente y crítica y sugiero detenernos un instante para mirarnos como sociedad (PAUSA). Esa que, ante actos reales de violencia social y escenificaciones racistas, mantenemos una actitud de “presunta impotencia” como acto de autoengaño para desentendernos de cualquier responsabilidad ante lo que está pasando en nuestras calles, nuestros barrios, nuestras fronteras.
Salvando las diferencias, apelamos a la capacidad de reflexionar de manera consciente y crítica y sugiero detenernos un instante para mirarnos como sociedad (PAUSA). Esa que, ante actos reales de violencia social y escenificaciones racistas, mantenemos una actitud de “presunta impotencia” como acto de autoengaño para desentendernos de cualquier responsabilidad ante lo que está pasando en nuestras calles, nuestros barrios, nuestras fronteras. Detenciones arbitrarias, niños señalados y acusados de violadores, segregación para una prioridad nacional, robo de ayudas, desmantelamiento de lo social culpando al extranjero y todos los etc. que quieras sumar. Todo, para meternos el miedo en el cuerpo y que temor y cobardía hagan tolerable lo que nunca imaginamos.
Esa impotencia social que nos evade de cualquier responsabilidad es la estrategia para convencernos, convencer a los demás y justificar no hacer nada. La apatía social ante los problemas de nuestro alrededor ha triunfado: objetivo logrado. Así, evitamos sentir culpa y sintiéndonos víctimas, acabar responsabilizando al sistema, a la mala suerte o a lo que sea, pero nunca a nosotros mismos.
Sin embargo, tras conocer al moderado “Juanma” después de 8 años de gobierno y lo que queda por llegar con el pacto que, sí o sí, hará con el partido de ultraderecha de eslóganes cortos y hooligan desgañitados, será responsabilidad de quienes renunciemos al poder real que lo es de la sociedad, de ti y de mí, ¡no pienses en otros!, de quienes decidimos asumir el papel de víctimas, de quienes renunciemos a actuar validando así nuestra incapacidad y con ello, permitiendo que lo que venimos calificando como abusos sea por propia inacción colectiva.
Toda persona puede, si quiere, hacer. Pequeñas acciones que rompan con el “no puedo hacer nada” para llegar al “elijo no actuar en esto, pero sí en aquello”, asumiendo que los cambios deben empezar desde abajo y por uno mismo antes de resolver lo grande.
Romper este bucle que nos atrapa de la apatía y la presunta impotencia entendiendo como inevitable lo que no lo es, es el primer paso para ejercer la soberanía social a la que hemos renunciado quedándonos como “dontancredos”, inmóviles, casi muertos ante lo que nos viene creyéndolo como inevitable.
De eso, nadie más que tú, yo y cada persona, seremos exclusivas responsables.






