El domingo 17 de mayo es día de elecciones. De elegir. Y que la papeleta que metamos en la urna sirva para enviar a los y las que hoy son candidatos/as, el mensaje de que nuestra tierra, nuestra gente ya no se conforma con esperar, exige que las situaciones de injusticia social no se sigan enmascarando en datos y palabras vacías que siguen perpetuando que los pobres no solo sigan siendo pobres, sino aún más pobres y lo que es peor, cada día con menos esperanza de mejorar. ¡Eso sí que serviría para “recobrar el orgullo de pueblo” que entre unos y otros tanto han manoseado!.
Juegan con una ilusión que ya, raramente nadie compra, por tantas veces traicionada. Y ese sentir de desprecio, casi resentimiento que se observa en la calle, algunos ya lo dan por amortizado. Esa expresión suele traducirse en unas tasas muy altas de gente que no irá a votar.
¿Tiene eso sentido?. ¿Es útil de algún modo?. Si los asientos de quien no vota se quedaran vacíos, ¿quién administraría nuestro dinero, nuestros recursos, nuestro futuro?.
Justamente, una sociedad exigente y no desentendida, es la que podrá marcarle el paso a esos y esas candidatas que tantas propuestas nos están lanzando estos días. Eso sí que sería el metro que mediría la distancia entre lo prometido y lo conseguido. Ahí sí que seríamos protagonistas y no meros espectadores de un teatro que sólo nos vende discursos de cara a la galería.
La almendra de todo esto es no perder la energía de sentir que el poder de decidir sigue residiendo en quien ejerce su derecho a elegir y que ese poder sólo se les da prestado para cumplir y sino, saber señalar donde está la puerta.
Y es que la cuestión no es si votar o no hacerlo. La almendra de todo esto es no perder la energía de sentir que el poder de decidir sigue residiendo en quien ejerce su derecho a elegir y que ese poder sólo se les da prestado para cumplir y sino, saber señalar donde está la puerta. Pruebas de ello claro que existen, aunque siempre acaban siendo ocultadas. Ello no debe hacernos perder el estímulo de sentir que el poder y la fuerza es de quien debe tenerlo. El domingo, ese poder será nuestro y la vigilancia también.
Ya sea por las razones que cada cual sienta que debe hacerlo: por deber, por convencimiento y si esas razones no nos valen, sea por nuestra gente joven que tan necesitada está de ver algo de luz, que le abra puertas y ventanas para volar y construir el futuro de esta tierra y de paso el suyo propio sin tantas trampas en el camino, o por nuestros mayores que nos permitieron llegar hasta aquí, o por la razón que consideres más válida.
Exigir no sólo es un eslogan, es la distancia entre conformarnos o decir hasta aquí.
Para que sea verdad eso de tener más y mejores oportunidades, el domingo podemos votar exigiendo o irnos de perol y seguir rajando.






