En la España de 2026, la pobreza ya no se esconde en los márgenes de la exclusión social; hoy está bien a la vista y ello, a pesar de la autocomplacencia del récord de empleo.
Y es que la realidad de la calle de cualquier barrio nunca sale en los datos macro, como gustan de emplear ministros y banqueros, desahogadamente. Lo hace en cada persona y cada día, dentro de los hogares que viven con lo que les queda después de pagar piso y alimentos. A pie de calle, la realidad es más cruda.
Los bajos salarios y la precariedad laboral estructural han explotado: tener empleo hoy no sirve de escudo eficaz cuando el sueldo no alcanza para vivir.
Como el agua salpica en el aceite caliente, los bajos salarios y la precariedad laboral estructural han explotado: tener empleo hoy no sirve de escudo eficaz cuando el sueldo no alcanza para vivir.
En el centro de esta tormenta perfecta, el monumental problema de la vivienda. Así lo describe el informe Foessa que firma Cáritas: 1 de cada 4 hogares en España lo padece.
El mercado de la vivienda es el principal motor de desigualdad en nuestro país y así, la mitad de las familias en régimen de alquiler se encuentran ya en riesgo de exclusión social: Vivienda y pobreza van de la mano en España y para nuestra juventud, los alquileres disparados comiéndose los sueldos.
¡Y todavía hay quien se cuestiona si es o no momento de hacer huelga o incluso tira de cinismo para pedir, como hace Feijó, desconvocarla!: ¡Hay que tener cuajo!.
Erradicar la pobreza en España exige intervenir ¡ya! garantizando salarios dignos de verdad y blindando el acceso a la vivienda como el derecho fundamental básico que es y no como el activo con el que mercadean todos esos que se ponen de lado.
Erradicar la pobreza en España exige intervenir ¡ya! garantizando salarios dignos de verdad y blindando el acceso a la vivienda como el derecho fundamental básico que es y no como el activo con el que mercadean todos esos que se ponen de lado.
De continuar como estamos, sólo nos da una seguridad: la de seguir manteniendo esta sociedad cada día más fragmentada donde disponer de un techo y llegar a fin de mes siga siendo un lujo, y donde el trabajo honrado deje de ser el camino para prosperar. Por eso, es hora de pasar de las palabras a la acción estructural: viviendas sociales ya, garantía de ingresos y refuerzo de políticas de protección social que ayuden de verdad a las familias y a nuestra gente jóven.
¡Y eso, sin un pacto de Estado y una hoja de ruta, malo!.
Visto lo visto en el parlamento, la movilización social seguirá siendo el mejor instrumento de presión para esta generación de políticos que en lugar de ponerse de perfil protegiendo sus privilegios, se prodiguen con el mejor ejemplo. Y no como el que nos da nuestro presidente andaluz, el “moderado” Moreno Bonilla, que a 80 de sus altos cargos le da, además de una testimonial nómina de casi 90.000 €/año, otros 2.000 €uritos/mes para el alquiler a la vivienda (24.000 € al año) incluidos los meses de inactividad parlamentaria. Dos caras para una moneda: En el lado contrario, quedan las familias que con unos ingresos anuales de 25.000 €, parias de la tierra, la ayuda al alquiler que da el bono de la Junta de Andalucía son 250 €/mes. A unos 2000 a todos los demás 250.
Y así vamos.






