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La gran traición: Atacar a quienes tendieron el puente

Hoy en el blog Gente que opina, Valentín Priego nos habla de cómo el conflicto de clase social se disfraza de una falsa confrontación intergeneracional

21 abril, 2026

Redacción
Valentín Priego.
Curioso perseverante.

Un peligroso discurso se extiende entre ciertos sectores juveniles españoles: la insidiosa idea de que las personas jubiladas «viven demasiado bien», que sus pensiones son «privilegios insostenibles». Esta narrativa, promovida interesadamente por quienes buscan dividir a la clase trabajadora, representa una traición histórica y moral de dimensiones catastróficas.

Estas generaciones que hoy disfrutan de derechos laborales, educación pública y protección social olvidan quién construyó ese Estado del Bienestar que ahora dan por sentado. Olvidan que esas pensiones «altas» – La pensión media en España ronda los 1.400 € mensuales – son el fruto de más de 40 años de cotizaciones, de trabajo, de madrugones, de jornadas interminables, de horas no pagadas, de renuncias a la diversión, de crisis económicas superadas con esfuerzo común. Son el producto de luchas sindicales que costaron sangre, cárcel y represión durante el franquismo y la transición.

Mientras, esta juventud que acusa a sus mayores vive en un presente perpetuo de consumismo vacío, individualismo narcisista alimentado por las redes sociales, hedonismo inmediato sin perspectiva de futuro, analfabetismo político que confunde derechos con privilegios, y una pasividad cómoda que prefiere quejarse en X antes que organizarse en sindicatos.

Son quienes cultivan la inmediatez y la gratificación instantánea (redes sociales, «likes»), que erosiona la comprensión de procesos largos como una vida de trabajo. Quienes optan por la desmemoria histórica inducida: La falta de enseñanza profunda de la historia reciente (Dictadura, transición, luchas obreras) en el sistema educativo y su sustitución por un relato individualista.

Son quienes hacen caso de ciertos medios y figuras influencers que, con lenguaje moderno y «revolucionario», reproducen narrativas neoliberales que culpan al Estado del Bienestar y a sus beneficiarios. Pero luego exigen que les fleten aviones para volver de su paraíso fiscal. Quienes reconvierten el lenguaje, para que términos como «sostenibilidad» o «justicia intergeneracional» hayan sido vaciados y utilizados como armas para defender recortes, en un discurso que parece progresista pero cuyo resultado es regresivo.

Una generación que, en lugar de luchar contra los verdaderos enemigos –los especuladores, los empresarios que precarizan, los políticos que desmantelan servicios públicos–, dirige su ira contra quienes les criaron (mal por lo que se puede ver), educaron (poco) y construyeron las infraestructuras de su presente.

Porque ninguno quiere comparar el coste anual de las pensiones con el montante de la evasión y el fraude fiscal en España, con la economía sumergida, o con las exenciones y bonificaciones a grandes empresas. Esto pondría el foco donde debe estar.

Lo más grave es que esta miopía histórica está siendo instrumentalizada por fuerzas políticas que aúpan de nuevo al fascismo al poder. La ultraderecha española, todo el arco desde el PP a VOX, canaliza la frustración juvenil hacia chivos expiatorios: los jubilados, los inmigrantes, los vulnerables. Mientras, sus políticas benefician a los mismos de siempre: las élites económicas que evaden impuestos, las corporaciones que explotan a trabajadores jóvenes y mayores por igual.

Esta juventud no ve –o no quiere ver– que el verdadero conflicto no es intergeneracional, sino de clase. Que los fondos de pensiones no se los roban los abuelos, sino los fondos buitre. Que la vivienda no es inaccesible por las pensiones, sino por la especulación. Que el futuro no lo hipotecan los jubilados, sino los tratados comerciales que precarizan el empleo juvenil.

Atacar a quienes lucharon por derechos que hoy disfrutamos es un suicidio colectivo. Es demoler los cimientos del edificio mientras se habita en él. Es caer en la trampa perfecta del neofascismo: enfrentar a víctimas contra víctimas mientras los victimarios se enriquecen.

Las pensiones dignas no son un regalo: son un derecho ganado con décadas de trabajo y lucha. Y serán, si esta juventud despierta y se organiza, el piso sobre el que construir su propio futuro digno. O pueden seguir culpando a sus mayores mientras las fuerzas que realmente les oprimen se frotan las manos ante tanta ingenuidad útil. La elección es suya, pero algunos deberían pagar severamente esta traición.

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